Lenguaje en las máquinas y en el ser humano

        Últimamente, he estado estudiando lenguajes de programación, particularmente Python y SQL. 

        He de reconocer que desarrollé cierta resistencia para leer en inglés. No es que el idioma me moleste, disfruto estudiar idiomas diferentes al que uso diario. Es que en mi estudio en general, he observado cómo en el lenguaje está ya implícita cierta represión. Al menos en la humanidad.

        En cuestión de los lenguajes de programación, pude notar que hay muchos y la mayoría de ellos están en inglés. Según una consulta que hice a la inteligencia artificial de Google, existen 700 lenguajes de programación documentados, pero se estiman más de 8,000 no documentados. Aquí nuevamente podemos ver la lógica freudiana de lo inconsciente: en todo lo humano, lo que no vemos es mucho más que lo que vemos y generalmente lo que no vemos termina determinando lo que somos.

        Por otro lado, supongamos 8,000 lenguajes de programación, cerca del 99% de ellos está en inglés. ¿Por qué? En primer lugar, porque la ingeniería informática ha sido desarrollada principalmente en Estados Unidos e Inglaterra. Esto se explica por la relación entre la economía y la guerra como actividad en dichas naciones. Son estas naciones quienes han desarrollado tanto la figura del "espía" como sus respectivas mitologías. Es decir, para que un país pueda sostenerse en la guerra, necesita forzosamente el desarrollo de lenguaje encriptado o de difícil acceso en tiempos de guerra. El desarrollo de esta forma de lenguaje, permite la comunicación segura entre los interesados, de tal forma que puedan intercambiar información que no pueda ser entendida por los enemigos. 

        Podríamos pensar que esto cambió con internet, pero el cambio es superficial. No solo estamos hablando de que dichas naciones siguen aspirando a cierto control sobre la economía y el mercado, sino también siguen siendo fuerzas de consideración en el ámbito político. Al menos yo no podría considerarlos monstruos, aunque estoy seguro de que mi opinión no es compartida por muchos en internet. Antes de seguir, he de decir que si habría de considerar monstruos a aquellos que hacen la guerra, pienso que yo mismo estoy contribuyendo a sostener dicha dinámica al negar que yo mismo tengo la misma naturaleza que ellos. Ellos tienen tanto derecho a comer y a sostener su vida con miedo como lo tengo yo y cualquier otro ser humano. Naturalmente, esta misma naturaleza de la vida que nos habita a los dos podría ponernos en enemistad, pero al menos hoy no tengo el gusto de tener enemigos visibles. Por el momento, mi único apremio o necesidad es frente a la propia vida, que al final terminará matándonos a todos. 

         Regresando a los lenguajes de programación, estos tienen la misma lógica que el lenguaje usado por el ser humano. Es decir, los lenguajes de programación sirven, hasta cierto punto. El lenguaje mismo no es una herramienta infalible. Es decir, hablar nos sirve, hasta cierto punto.

        En cuanto a los lenguajes de programación, son claves que establecemos en un programa para manejar datos contenidos en otro programa. En resumen, todo lenguaje sirve para clasificar, y encuentra en la estructura de su lógica interna ciertas limitaciones para cumplir su función.

        Cada lenguaje humano tiene un orden. No se estructura de manera idéntica una frase en español, una en inglés y una en japonés. El orden de las palabras cambia, con el objeto de poder ser entendible o al menos de acuerdo a ciertas tradiciones de ciertas comunidades de hablantes de un solo lenguaje. No es lo mismo hablar español en México, España, Perú; o incluso dentro de un solo país, el uso del lenguaje puede cambiar de una región a otra. De forma tal que podemos experimentar diferentes dificultades al tratar de expresarnos dentro de un solo país, aunque hablemos el mismo idioma. 

        Es una cuestión compleja, pues por un lado, el uso del lenguaje cambia de tiempo en tiempo y de lugar en lugar. Y al mismo tiempo, siendo el lenguaje una particular producción de un particular ser humano, podemos desarrollar dificultades internas para poder percibir lo que quiere decir un ser humano que nos despierta algún sentimiento, sea de desagrado o que nos cautive hasta perder la noción del tiempo o del contenido del discurso. Deshacernos de los afectos suena fácil, pero no es como si pudiéramos simplemente dejar de sentir. Podemos apartar de nuestra conciencia o atención nuestros sentimientos, pero ellos no dejan de existir y tarde o temprano terminan ejerciendo influencia sobre nosotros y nuestros actos.     

         Es aquí donde puedo entrever la necesidad de una cultura de la escucha, más que una cultura del derecho. Es decir, atribuir al otro el derecho de ser diferente, no cancela que dentro de nosotros las diferencias sigan siendo importantes a la hora de dar lugar en nosotros a esas diferencias. Escuchar a un otro es un acto mucho más difícil de lo que podría parecer. Y esta dificultad no la experimentan las máquinas y, por lo tanto, no la experimenta ningún chat de inteligencia artificial. Ellas no "hablan" con un igual, se limitan a hacer lo que su programación les dice.

        En nuestro caso, hablar es prestar atención. Es detener, al menos un tiempo pequeño, nuestro curso de pensamiento para darle lugar en nuestra vida a otro discurso. Y ese discurso puede contener elementos que no entendemos, o que nos generan diferentes reacciones. Desde el placer más superficial hasta el más profundo dolor, voluntaria o involuntariamente.

        Voy a interrumpir aquí para seguir con mi estudio de lenguajes de programación. 

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