Psicoanálisis del feminismo
No creo estar en un error al señalar al feminismo primero como una palabra con historia. Tampoco pretendo comenzar mi análisis copiando y pegando párrafos de Wikipedia sobre feminismo o citando a uno y otro autor o autora sobre la materia.
Comenzaré tratando de describir para un posible despistado en este mundo digital lo que entiendo como feminismo, que bien podría ser distinto a aquello que definen las fuentes oficiales. Después de todo, todos tenemos derecho a poner las palabras que creamos convenientes sobre nuestra propia experiencia.
El mundo actual se ha visto influenciado fuertemente por lo que denominamos plataformas digitales. Para el año en que escribo estas palabras (2023), los medios de comunicación se han visto potenciados por los recursos tecnológicos, de forma tal que lo que era llamado el cuarto poder en la década de los noventa, es ahora un poder distribuido de manera relativamente equitativa entre toda la población. Es decir, entre los años 1990 y 2000, todavía podíamos hablar de un grupo de elite que sostenía con puño de hierro los llamados "medios de comunicación" tradicionales, siendo el principal la televisión, seguido del radio y los periódicos. Ellos decidían lo que la mayor parte de la población sabría cómo noticias, escogiendo también las palabras que dirían conforme a un criterio preestablecido y con el afán de colocar el interés de su audiencia sobre determinados puntos de vista válidos y al mismo tiempo condenando otros puntos de vista ajenos al criterio que deseaban sostener.
Este panorama cambió profundamente cuando cualquier persona dentro de un rango económico ampliamente grande, tuvo acceso a las nuevas tecnologías que revolucionaron la forma en la que nos comunicamos. Para el año 2023 calculo que alrededor del 80 porciento de la población entre 7 y 60 años tiene un artículo como en el que yo estoy escribiendo mientras viajo en el transporte público. Y mientras escribo estás palabras con una mano en un dispositivo barato y bastante común, el dispositivo guarda mi escrito en desarrollo, automáticamente, sin que yo se lo pida. Estos datos son resguardados y acumulados en un espacio hipotético que conocemos como "la nube". Esta "nube" se crea al momento por el trabajo de unas máquinas, cuya única función es recibir y acular información encriptada o transformada.
Actualmente, este escrito podría circular en lo que conocemos como Internet, sin que a mí me cueste su publicación. E incluso reuniendo las condiciones apropiadas, mi texto podría estar generando dinero. Pero para que ello ocurra, mi texto debería estar incluido en plataformas informáticas que hemos denominado "redes sociales", espacios de Internet con dinámicas específicas entre sus usuarios.
Como ejemplos de redes sociales, puedo señalar Facebook o Twitter. En dichas redes, las palabras son lo principal, mientras que en otras redes sociales las imágenes o los vídeos son la forma de presentar la información. Información que circula de manera permanente, hasta que aquellos que compartieron la información deciden quitarla o limitar su acceso a determinado público.
Es ahí, en las plataformas donde compartimos usualmente la información, dónde puedo empezar a ubicar lo que yo llamo feminismo.
Hoy no son las instituciones las que tienen poder en aquellos espacios o bien, también puede decirse que una institución puede estar formada por una sola persona. Si bien, el espacio público era el lugar de encuentro entre las personas y los discursos, pienso en las plazas griegas y su relación con la filosofía; los espacios digitales se han convertido en aquel lugar donde todos podemos encontrar absolutamente cualquier forma de diversión, información, educación y hasta adoctrinamiento, voluntario e involuntario. Un mundo de posibilidades permanentemente abierto en la palma de nuestra mano.
Fue mi generación la que vio el cambió. Yo fui a la universidad cuando era necesario entrar a un salón de clases para escuchar a un maestro impartiendo una clase como mejor pudiera. Hoy tenemos a muchos sujetos hablando del mismo tema al mismo tiempo en todo el mundo, podemos escucharlos por turnos o es cuestión de tiempo el encontrar a quien uno mejor le acomode, le simpatice o le entienda y simplemente dejar de escucharlo cuando uno quiera y continuar en otro momento con la lección sobre la cual entendimos algo.
Para el momento de escribir este texto, la tecnología ha llegado a tal nivel que hablamos de inteligencia artificial y cambios que conmoverán muchas formas de trabajo que han imperado hasta el día de hoy, particularmente el trabajo creativo, tal como escribir, traducir, pintar o animar.
Con darle una instrucción, un conjunto de códigos fundados sobre diversos algoritmos pueden crear en segundos documentos enteros y completamente funcionales para los ámbitos empresariales, o bien crear pinturas en cuestión de segundos que tomarían al menos días de trabajo a experimentados diseñadores. Y por supuesto, tanto los documentos como las pinturas son codificados para poder circular en Internet al instante. Los documentos no dependen de papel o tinta, las pinturas no dependen ni de óleos ni de lienzos. Todo se crea y distribuye digitalmente o al alcance de un dedo para su creación, distribución y consumo. Debo destacar que este texto es de mi autoría, no fue creado por una Inteligencia Artificial.
Los libros no necesitan de librerías o libreros para distribuirse o acumularse. Las pinturas no necesitan de galerías para disfrutarse y hasta las películas han seguido el mismo camino. Hoy pueden estar veinte personas reunidas en un cuarto y cada una de ellas estar escuchando y viendo contenido totalmente diferente las unas de las otras, incluso al mismo tiempo.
No puedo evitar siento sentido del caos al "dibujar" este bosquejo, pero pensándolo bien este panorama físico solo pone en evidencia la permanente realidad interna en la distribución y consumo de información o contenidos.
Podíamos estar reunidos, pero nuestra mente podría estar forzando nuestra atención a otro lado, en otro momento o en otro tema que el que ocupa al grupo o a ciertos miembros de un grupo. Simplemente, ahora es más evidente saber en dónde tiene una persona depositada su atención.
Y es ahí donde localizo el feminismo. En una época donde la humanidad se ve fuertemente influenciada por nuevas formas de comunicación, tal vez más sencillas, pero no sabemos qué tan costosas. Antes de ver un resurgir de la religión, el primer reclamo que hace eco en la sociedad occidental es el de las mujeres. No necesitamos creer en nuestro futuro, cómo sí se hace evidente un replanteamiento del papel y lugar de las mujeres en una era donde lo primero que extrañamos es el calor entre nuestros semejantes.
Y ¿cuál es el reclamo? Justicia. Curiosamente, ellas, las que se juntan, piden justicia. En la época donde más solas y solos estamos, ellas piden justicia. Pero ¿a quién le piden justicia? A veces al Estado, a veces a todo el mundo. Después de todo, ¿quién tiene la justicia para repartir al mundo? Si la justicia no es un reclamo social, es menos que una ilusión pasajera en la esperanza de los niños; quienes, por cierto, muy difícilmente saben esperar.
¿Es esto un reclamo a un movimiento social? En absoluto, es la búsqueda de una verdad en un mundo lleno de opiniones. Si fuera por mí, que el feminismo triunfe o desaparezca tan rápido o contundentemente como el capitalismo o el socialismo o el freudomarxismo o el cristianismo. Cualquier "ismo" me tiene sin cuidado, pues ninguno me da de comer. Vivan o mueran, yo viviré hasta que muera. Sin que ningún discurso político o religioso pueda hacer nada al respecto.
Es posible que sean las instituciones las guardianas de nuestros valores, pues en la vida real no encontramos lugar para ellos. Serán entonces aquellas banderas que han iluminado los espacios públicos las que sigan dando un sentido al deseo que nos habita y que, independientemente de nuestra ideología o discurso, determine el cause de las políticas. Las muchas voces hablan aquello de lo que algunos viven, y eso terminará en el discurso de los políticos. Quienes buscarán darle satisfacción a los pocos deseos que puedan conocer, conforme al poco o mucho poder que puedan tener o manejar.
Siendo así, el feminismo actual poco tiene que ver con el feminismo histórico. ¿Será por las redes sociales?, ¿la tecnología diluye al espíritu humano al proveernos de un nuevo apéndice con batería recargable de litio?, ¿o será que estamos frente a un umbral del que nadie sabe nada? Esto último me llena de esperanza, una expectativa frente al futuro del que pocos pueden determinar con relativa seguridad.
Sin muchas esperanzas, avanzamos en la noche oscura de nuestra propia genialidad.

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